
«Desbocado, violento, estirado hacia el cielo…»
Por José Danilo Centeno, LNP. En este año asistimos al aniversario de una de las obras más importantes de la literatura en lengua española, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, el poemario más traído y llevado del poeta chileno Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, Pablo Neruda.
El libro apareció en junio de 1924 en Santiago de Chile, bajo el sello de la editorial Nascimento. Neruda, para entonces tenía veinte años, y ya había publicado su primer libro titulado Crepusculario. Pero fue con Veinte poemas… que empezó a ser conocido en el mundo de habla hispana. Desde entonces se han realizado decenas de ediciones del poemario.
En Veinte poemas… todavía se percibe el alentar del Modernismo, en el afán de renovar la estructura del poema, en la musicalidad y el preciosismo, en los cuartetos de versos alejandrinos o los endecasílabos, en el uso de la rima, aunque asonante y con una distribución irregular buscando con ello más libertad, en el uso de metáforas, símiles y otros recursos, ahora desdeñados por los «puetas» de las nuevas escuelas.
ALBERTINA AZÓCAR, LA AMANTE TACITURNA DE LA BOINA GRIS
Albertina Rosa Azócar Soto fue una compañera de estudios de Neruda, con quien vivió una larga relación sentimental. Fue uno de esos amores de juventud que inspiraron un gran porcentaje de los textos de Veinte poemas…
Albertina es la musa cuyo rostro se sobrepone a otros rostros femeninos que llenaron otros momentos en los años juveniles del poeta, un silencio elocuente la rodea: “…Me gusta cuando callas, porque estás como ausente” […] “Déjame que te hable también con tu silencio…”
Ahora se sabe que diez de los veinte poemas fueron inspirados por Albertina, quien murió el 11 de octubre de 1989— a la edad de 87 años—, antes había dado a conocer una serie de cartas y poemas que Neruda le había enviado en los años de su noviazgo.
Las cartas y poemas que Albertina compartió con el mundo fueron publicados por una editorial española en el libro Cartas de Amor de Pablo Neruda.
Reproducimos aquí una de las cartas que Pablo Neruda envió, desesperado, a la mujer con la que vivió un noviazgo que duró menos de dos años, pero sembró recuerdos para toda la vida, es tan corto el amor y es tan largo el olvido…
Poema VI
TE recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en
calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
Pablo Neruda







