Cierre de El Nuevo Diario, reflejo de la mordaza del gobierno Ortega-Murillo a los medios

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Alonso Mejía y Noel Amílcar Gallegos-LNP.

El anuncio del cierre de El Nuevo Diario de Nicaragua significa un duro golpe al periodismo en Nicaragua, más en un contexto donde la libertad de prensa y el ejercicio periodístico se ve amenazado por políticas gubernamentales de acoso y de sabotaje económico como mordaza para los medios críticos del gobierno de Daniel Ortega, opinan periodistas, sociólogos y lectores. Desde hace un año, Aduanas mantiene retenido sin justificación papel y tinta tanto a El Nuevo Diario como al diario La Prensa, los dos principales medios del país, que han calificado la medida como una forma de violentar la libertad de prensa de parte del régimen orteguista.

La madruga del viernes, la junta directiva del rotativo anunció el cierre de El Nuevo Diario y de Metro, sus dos publicaciones impresas. El subdirector del medio, Douglas Carcache, anunció que también se cerraba la versión digital debido a la falta de publicidad.

Para el periodista Humberto Galo Romero, quien hasta el último minuto no dejó de trabajar frente al teclado en la redacción de El Nuevo Diario, el cierre del rotativo fue un golpe contundente para la libertad de expresión en Nicaragua, a pesar que era una “muerte” que se venía sintiendo lentamente, sin embargo sostiene que la lucha por mantener informado a la población nicaragüense no acaba con esta agresión al periodismo independiente, sino más bien siguen comprometidos con la verdad.

ADIÓS DE REDACCIÓN. Periodistas se tomaron esta foto del último día de labores en la sala de redacción de El Nuevo Diario. (Foto tomada de La Prensa de Nicaragua).

“La sensación que tuvimos todos los compañeros de la redacción (al comunicarles el cierre de END) fue de sorpresa, mezclada con otros sentimientos como enojo y mucha frustración ante los atropellos del poder. “Desde hace meses el Gobierno y sus instituciones nos habían venido cerrando a cuenta gotas. Reteniéndonos material y buscando impedir coberturas, pero en las últimas semanas se incrementó más”, comentó Galo Romero a LA NUEVA PRENSA.

“En lo personal, aprecio mucho que la vida y la profesión me haya podido ser testigo de un momento histórico para el país. Creo que he podido ser un canal para transmitir la voz de aquellas personas que han padecido abusos terribles, al igual que mis colegas. Tenemos la idea de que se termina la marca de El Nuevo Diario, pero el periodismo lo seguiremos haciendo desde nuestras posibilidades”, añadió el periodista.

Para la socióloga nicaragüense Elvira Cuadra el cierre de El Nuevo Diario vuelve a poner sobre la mesa el tema de la libertad de expresión y la libertad de prensa en Nicaragua. “Aunque fue una decisión de los propietarios, es obvio que estuvo motivada por el ambiente de represión y amenazas de parte del gobierno. No se puede ver como hecho aislado. Ya hay antecedentes y horas antes del cierre del periódico se produjeron ataques violentos contra otros medios.

“Eso quiere decir que el Gobierno persiste en su estrategia de silenciar a la prensa independiente y violentar el derecho ciudadano a ser informados. Para los medios independientes que existen dentro del país  significa que se incrementan los niveles de riesgo y amenaza”, advirtió Cuadra.

Manuel Sandoval Cruz, universitario nicaragüense exiliado lector de El Nuevo Diario, culpa al gobierno de Daniel Ortega por el cierre del rotativo. “En reiteradas ocasiones no he ocultado mi acérrima crítica a la doble moral sandinista. Hoy obligan a cerrar operaciones a un diario, lo cual debe llenarnos de indignación no solo por las consecuencias económicas que implica el cierre de una empresa, sino por la connotación social y política de que un medio independiente clausure debido a un bloqueo aduanero que ha impuesto desde hace más de un año la dictadura”, señaló.