José Danilo Centeno- LNP. Nicaragua atraviesa por la peor de las crisis políticas que ha enfrentado a lo largo de toda su historia. Dicha crisis repercute en lo social, en lo económico, en la salubridad y en todos los aspectos de la vida nacional.
Con decenas de prisioneros políticos, centenares de crímenes políticos sin castigar, millares de exiliados y una economía en picada, con una pavorosa imagen-país en deterioro galopante, Daniel Ortega y su mujer se refugian en su Mansión del Reparto «El Carmen», dedicados a crear una realidad paralela diametralmente opuesta a la que vive la ciudadanía, con el objetivo de mantenerse en el poder indefinidamente apoyándose en las armas.
NI CON DIOS NI CON EL DIABLO
Las recientes declaraciones de Luis Ignacio Lula da Silva, quien recomienda a Ortega no alejarse de la democracia, vienen a subrayar el hecho de que la crisis de Nicaragua no es un asunto de derechas e izquierdas ni de soberanía e intervención imperialista sino de Democracia contra Dictadura. Lula le pide públicamente a Ortega no sentirse indispensable y le advierte, a la vez, sobre la tentación de volverse un dictador.
«Toda vez que un gobernante se empieza a creer insustituible, toda vez que un gobernante se empieza a creer imprescindible, surge un poco de dictadura en ese país (…). Cuando uno piensa que no hay nadie para sustituirnos, nos estamos transformando en dictadores.»
[Luis Ignacio Lula da Silva]
El mensaje de Lula expresa el rechazo a las ambiciones enfermizas de Ortega y su mujer, de instalar una dictadura que ahoga en sangre los reclamos de la ciudadanía nicaragüense y acalla las voces de quienes protestan con cárcel y muerte. Ya antes lo había hecho José Mujica, también reconocido militante de la izquierda uruguaya, quien recientemente firmó una carta junto a otros reconocidos intelectuales de la izquierda latinoamericana, como la mexicana Elena Poniatowska. Pero hay más, en enero del 2019 la Internacional Socialista expulsó a Ortega de sus filas aludiendo que ya no los representaba y desmarcándose de sus métodos dictatoriales de ejercer el poder, repudiados por moros y cristianos y puestos de manifiesto durante la salvaje represión que Ortega utilizó para sofocar las protestas sociales de abril de 2018.
Ortega, cada vez más aislado permanece prisionero de sí mismo, de sus ambiciones, en un laberinto insalvable, más allá de la izquierda y la derecha que han llegado a ser conceptos vacíos e inutilizables, ajenos a la coyuntura de la Nicaragua de hoy, transformada en un enorme campo de concentración.
PERO QUIÉN ES LULA

Luis Ignacio Lula da Silva (1945) es un político comunista brasileño que saltó desde las filas del movimiento obrero como líder del poderoso sindicato de trabajadores metalúrgicos hasta la Presidencia de su país. Lula es una de las más relevantes figuras de la izquierda en el continente y cuenta con un innegable prestigio en grandes sectores de su país.
Ni Lula ni Mujica ni la Internacional Socialista ni los intelectuales firmantes de la carta que repudia las criminales acciones de Daniel Ortega Saavedra, pueden ser acusados de fichas del Imperialismo ni de terroristas de la derecha ni de ignorantes manipulados por el gran capital. No pueden ser descalificados con ninguno de los epítetos con que los Ortega Murillo acostumbran a descalificar a quienes los adversan pacíficamente y con argumentos irrebatibles.






