Desplazamiento forzado, calvario de mujeres refugiadas nicaragüenses

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En Costa Rica se genera una serie de redes de apoyo que disminuyen el impacto de vulnerabilidad de las mujeres refugiadas

Wendy Quintero Ch.-LNP. Cuando una mujer decide migrar a otro país busca una mejoría personal y familiar, pero se enfrenta a grandes peligros durante la travesía que pone en riesgo su integridad física y sicológica.

Para Wendy Flores, coordinadora del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, Costa Rica ha sido históricamente uno de los países receptores de migrantes nicaragüense por diversas causas, entre ellas económicas, y desde abril 2018 por la inseguridad y violaciones a los Derechos Humanos que vive Nicaragua.

“Cerca del 35% de esta población desplazada han sido mujeres según una investigación realizada por la Fundación Arias para la Paz en el 2019… La mayoría de estas mujeres ingresa en condiciones de muchas necesidades económicas, de alimentación, de acceso a salud, educación, vivienda inclusive, pero hay que recalcar que Costa Rica ha sido uno de los países en donde se han generado una serie de redes de apoyo que disminuyen el impacto de su vulnerabilidad”, explica la defensora de Derechos Humanos.

Las migrantes, que en su mayoría se insertan en labores del servicio doméstico, viven varios impactos. “En el caso de las mujeres que viajan solas llevan una carga emocional de haber dejado a sus hijos en manos de familiares; si su ingreso es irregular sufren los riesgos de ser víctimas de trata de personas, de agresiones sexuales, de explotaciones, incluso de robo. La inseguridad y vulnerabilidad que sufren las mujeres al trasladarse a Costa Rica son mucho mayores que las que sufren los hombres”, señala Flores.

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

Karina Fonseca, directora nacional del Servicio Jesuita para Migrantes en Costa Rica, enfatiza en la violencia que viven las mujeres migrantes: “La migración forzada exacerba, en algunos casos, la violencia masculina. Hemos podido conocer situaciones de mayor precariedad, falta de oportunidades laborales en la familia, de enfrentar condiciones más adversas, y se han manifestados mujeres con preocupación por sus entornos de violencia doméstica”.

Otra consecuencia que enfrentan las migrantes según Fonseca, es el agudizamiento de problemas de salud mental derivado de la situación traumática del deslizamiento forzado y “agregaría la situación de niñas y adolescentes viviendo en hacinamiento, quienes corren más riesgos de abuso y violencia sexual por no tener la condiciones de cuidado”, agrega.

Dentro de las posibles soluciones ante esta problemática, Fonseca considera establecer un mejor acceso a la salud, en particular la sexual y reproductiva, así como a educación y trabajo digno que generen mejores oportunidades para las mujeres.