

Costa Rica está viviendo un período electoral novedoso y crucial, donde las opiniones de los ciudadanos a través de las redes sociales han tomado un protagonismo impactante. Grupos minoritarios han elevado su voz y han logrado escucharse. Han resonado sus reclamos de derechos. ¿Qué tiene que ver esto con los migrantes? ¿Qué nos dice y qué nos enseña a la inmensa comunidad nicaragüense este nuevo protagonismo electoral de sectores marginados y antes excluidos de la opinión pública?
Nos dice que los migrantes, pese a ser casi el 10 por ciento de la población en Costa Rica, con 31 mil nacionalizados con derecho a votar, NO hemos logrado vislumbrar más allá de nuestro mérito como fuerza trabajadora joven y vigorosa que levanta sectores importante del país como la agroexportación y la construcción, además de que llenamos supermercados, tiendas, buses, taxis, casas remeseras, bancos, restaurantes y bares con nuestro gran poder adquisitivo.
Pese a que nuestras mujeres atienden en miles de hogares costarricenses a niños para que sus madres se realicen como profesionales o empresarias, o atienden en tiendas o en restaurantes como cocineras, afanadoras y meseras. Y otros miles de nicaragüenses cuidan empresas, instituciones y calles como guardas de seguridad.
Nos dice que NO hemos sabido levantar la voz en momentos apremiantes como este momento electoral. Adolecemos de una apatía lastimosa y lastimera.
Es cierto que a los migrantes –en Costa Rica y en todo el mundo- siempre los asalta el temor, porque son extranjeros, porque muchos están indocumentados, porque los grandes medios azuzan la xenofobia con sus mordaces perfiles antiinmigrantes y sus amarillistas noticias que nos criminalizan, cuando en verdad levantamos la economía y enriquecemos la cultura de los países que nos acogen.
Pero eso no debe ser motivo de escondernos detrás del muro del temor. Al contrario, hay que derribar ese muro con el mazo de la razón, del derecho y de la dignidad. Solo el Primero de Mayo -Día Internacional del Trabajador-, hemos visto a escasas dos o tres organizaciones con una veintena -y a veces menos- de personas con pancartas reclamando sus derechos por la Avenida Segunda de San José. Con excepción de Enlaces Nicaragüenses, organización de mujeres que ha logrado aumentar el número de convocados hasta alcanzar al menos el centenar de participantes en los últimos años, y que ha logrado con su ya notoria presencia el interés de los medios.
Sabemos que las organizaciones promigrantes han logrado en mayor o menor medida hacer trabajo y campañas por las mujeres, hombres trabajadores, y niños migrantes. Pero no basta. No basta en el reducido círculo de nuestras organizaciones, o en el de las oficinas de los funcionarios de instituciones estatales, o en esporádicas reuniones de hoteles, o en discursos profundos en las Academias. Hay que expresarse públicamente. Hacer sentir y crear conciencia en la sociedad costarricense y en los líderes y tomadores de decisión del bendito país que nos acoge. En ese sentido es encomiable la labor de divulgación Del Servicio Jesuita para Migrantes en el programa de radio Casa Abierta, que se transmite semanalmente por Radio U de la Universidad de Costa Rica UCR.
El silencio nuestro en los importantes contextos de periodo electoral en la nación donde dejamos la fuerza de nuestra sangre juvenil, donde luchamos por nuestro más caro sueño que es hacer de nuestros hijos ciudadanos de bien, nos dice con severa claridad que como comunidad no estamos unidos. Somos casi 300 mil nicaragüenses residentes, y al menos la misma cifra de indocumentados, porque la regularización es costosa y tiene múltiples tramitologías, pues así lo dispone la actual Ley de Migración y Extranjería de Costa Rica, con numerosas trabas y severas multas para los que no están documentados.
Y estas elecciones nos enseñan cómo otros grupos minoritarios o excluidos sí han sabido unirse y levantar la voz con valentía. Ellos lo han hecho a través de espacios reclamados, pero sobre todo a través de las redes sociales.
Nos enseña que cada teléfono celular es un arma donde debemos convocarnos y unirnos en ideas propositivas a través de las redes sociales, donde tanto nos gusta publicar muchas veces cosas banales y vanas.
¿Cuándo será que nuestras organizaciones se unan por una vez y nos convoquen a una marcha pacífica hasta la Asamblea Legislativa para hacernos sentir y expresar nuestros anhelos, ojalá antes del primero de abril, día de las elecciones? ¿No ha sido acaso con presencia en las calles, como han logrado hacerse escuchar los inmigrantes en Estados Unidos y otras partes del mundo? Es nuestro deber hacernos escuchar tanto del Gobierno de Costa Rica como del de Nicaragua, que nos debe este último el oxígeno que somos para la economía del país con el envío de millones de dólares en remesas.
A un mes de las votaciones, esperamos que los nicaragüenses nacionalizados costarricenses, que son 31 mil con poder de elegir, y cuyo voto será valiosísimo para cada uno de los dos candidatos, puedan expresarse, y que voten por el candidato que se comprometa a poner en agenda las iniciativas de reforma a la Ley de Migración y Extranjería que se encuentran engavetadas en la Asamblea Legislativa de Costa Rica. Y luego exigir se honre ese compromiso.





