Vida y obra de Rosa Capella

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Rosa Capella, fundadora de Nitca. (Foto cortesía Nitca)
Rosa Capella, fundadora de Nitca. (Foto cortesía Nitca)

Por Alonso Mejía- La conocí en un reciente viaje a Nicaragua en el mes de agosto, invitado por la presidenta de la Junta Directiva de la Fundación NITCA, Dra. Angélica Toruño García. Pasamos a recogerla a su casa, en Reparto René Schick, para irnos a tomar un cappuccino en La Casa del Café, en Managua.

Bajo un techo verde de parras donde asomaban ya pequeños racimos de uvas, y que inundan y llenan de frescor la entrada de su casa, nos recibió esta dama de 91 años de edad. Cierto temor al encuentro con una mujer que ha vivido casi un siglo para contarlo, me embargaba. Al verla salir a recibirnos, me le presenté: -Un gusto doña Rosa, soy Alonso Mejía–. -¡Ah, Alonso Quijano! Tienes el nombre de mi apellido y el de Don Quijote, por lo tanto eres español-, me respondió.

Entonces comprendí que aquella mujer auguraba una conversación cálida, y no una entrevista, de la cual ni yo estaba preparado, y que al fin, felizmente, no se dio. Tan solo quería conocerla. Jamás una entrevista va a tener la calidez de una conversación.

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Rosa Capella nació el 18 de julio 1925 en la ciudad portuaria Santander de Cantabria en España, situada en la parte norte de la Península Ibérica. Fue criada por su abuela y una tía maternas. De niña presenció el estallido de la Guerra Civil Española (1936), donde la guardia civil de Franco mató a Federico García Lorca, el poeta más querido de España. Y luego de emigrar a sus 18 años a Cuba, donde vivían sus padres, a los 34 presenció los fulgores de la Revolución Cubana (1959). En la Perla del Caribe nació su única hermana.

En 1945 Rosa contrajo nupcias con el Dr. Sebastián Padrón, gastroenterólogo y cirujano. Enviudó en 1949, a los 24 años. Fue partidaria de la Revolución, pero juzgó, como muchos, que el proyecto revolucionario se desviaba de sus principios, y salió de Cuba hacia Estados Unidos en 1961 con su hijo de 12 años.

El portal www.donesesglesia.cat describe que Rosa Capella a sus años mantiene el espíritu lleno de juventud y rebeldía. “Hablar de ella es hablar de una mujer libre, incansable y llena de vida… lleva a sus espaldas recuerdos y vivencias siempre combativas a favor de los más pobres”, afirma el sitio web.

Haber presenciado grandes hitos bélicos de la historia del siglo XX como la Guerra Civil Española, la II Guerra Mundial, la dictadura de Batista, la Revolución de Fidel en Cuba, y la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos, de cuyo país es también ciudadana, al igual que también lo fue de Cuba, la ha convertido en una mujer pacifista, inserta dentro de ese grupo de mujeres activistas por la paz mundial.

Se considera una ciudadana del mundo. Habla inglés y español, además de entender francés, portugués e italiano. Ha viajado por el orbe para presenciar de cerca el conflicto palestino – israelí (1975); en Chile visitó la región de la Araucaria (1984) construyendo con 17 Metodistas una escuela para los Mapuches; estuvo en Filipinas (1986) dos semanas antes de la salida del dictador Marcos; y en México (1991-92) y Guatemala (1993) acompañando junto a la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, el retorno de los refugiados mayas perseguidos por el dictador Efraín Ríos Montt.

En 1968 contrajo nupcias por segunda vez con un pastor metodista. Vivió en Connecticut y en Rhode Island, en donde se mantuvo hasta 1977. En todos esos años Capella fue una activista luchando contra las armas nucleares, contra la guerra en Vietnam, y participando en campañas de desobediencia civil cuando el presidente Reagan ordenó la guerra contra la Nicaragua sandinista de los años ochenta.

En 1976 tomó la ciudadanía de los Estados Unidos, pero no accedió a cumplir con el requisito de “empuñar armas cuando la ley lo requiera”. Pudo ejercer su derecho al voto a favor del demócrata y presidente electo Jimmy Carter.

Es fiel creyente del socialismo cristiano que inspiraba en sus inicios a la revolución cubana. Académica en distintos colegios y universidades, trabajadora incansable en proyectos sociales, defensora y militante de los derechos humanos de los más desfavorecidos. Se declara feminista convencida, y admiradora de la mujer nicaragüense en su lucha por mantener su hogar.

Se graduó de “collage” a los 62 años en el College for Public and Community Service, de Boston. Su tesis fue sobre “El Proceso de paz y Autonomía para los Pueblos indígenas de la Costa Atlántica”. Llevó a cabo su Máster en Educación Bilingüe, a los 64 años en la Universidad de Massachusetts, Boston.

“Ha vivido en España, Cuba, México, los Estados Unidos, Puerto Rico, Reino Unido, Guatemala y Nicaragua. Su vida laboral está plagada de anécdotas de su lucha como madre sola en los Estados Unidos, donde empezó vendiendo Avon, para poder mantener a sus hijos, mientras tenía que empeñar varias veces las pocas joyas que pudo sacar de Cuba. Se declara militante cristiana metodista”, reza el portal.

En el año 2009 Capella fue reconocida como Doctora Honoris Causa en Humanidades, por la Universidad Evangélica de Nicaragua, Martin Luther King Jr.

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Es increíble que en una cuartilla se pueda resumir una vida de casi un siglo. Aún no sabía mucho de esta formidable mujer, pero ahora la tenía frente a mí, con mi corazón enamorado del aroma del café y del momento mágico que gentilmente nos propició a los tres la Dra. Toruño. Embelesado de su suave voz, de su espíritu infinitamente joven, de la honda luz que como remanso de su niñez asoma aún en el rostro peninsular de esta española de tez blanca, aureada por un cabello corto y níveo.

Algo le susurré al oído cuando la llevaba de la mano hacia el vehículo que nos llevaría de nuevo a su casa cubierta por una enramada de parra, donde ya asomaban las verdes uvas que talvez le recuerdan a la noble dama las vendimias de su España querida.

“Eso espero”, me dijo Rosa Capella con una leve sonrisa. Aún guardo en mi corazón las dos oraciones que elevó a Dios tomándonos de la mano, en nombre de ese don maravilloso llamado amor.

Alonso Mejía
San José, Costa Rica. Agosto 20 de 2016